Pardela cenicienta (Calonectris diomedea)


La Pardela cenicienta de más de un metro de envergadura, es una viajera consumada e infatigable, puede recorrer en un año más de 40.000 kilómetros entre sus áreas de cría en el hemisferio norte hasta las de invernada en el sur. Esta ave pelágica se encuentra presente en los océanos Atlántico y Pacífico, así como en el mar Mediterráneo. En España cría en Canarias, en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, Baleares, Chafarinas, Columbretes y en algunos islotes de Murcia y Almería.
Aparece en innumerables relatos de marinería. En vuelo, en la mar, es casi siempre silenciosa, pero en tierra emite lúgubres y sobrecogedores sonidos nasales y lastimeros, que hicieron que marineros y piratas, pensaran que en aquellos inhóspitos islotes donde anidaban las pardelas, habitaban las almas de los ahogados.


Hay dos subespecies de cenicientas, la diomedea borealis o atlántica y diomedea diomedea o mediterránea. Después de la época de cría, los individuos de la subespecie borealis migran desde las islas de la Macaronesia (Azores, Canarias, Madeira, Cabo Verde e Islas Salvajes) y Galicia hacia las costas del Atlántico oeste, primero al litoral sudamericano, para luego remontar hacia el hemisferio norte. De igual forma, la subespecie diomedea abandona el Mediterraneo tras el periodo reproductor, a través del estrecho de Gibraltar, para desplazarse hasta las costas sudafricanas.


Entre las amenazas con las que tiene que lidiar esta especie, destacan la captura accidental en artes de pesca, sobre todo el palangre, en cuyos anzuelos mueren enganchadas anualmente miles de aves; la sobrepesca, que pone en peligro sus recursos alimenticios; la contaminación de los mares; la instalación de centrales eólicas; la proliferación de gatos, ratas y visones americanos introducidos por el hombre en sus lugares de cría, que depredan huevos, pollos y adultos; la captura de pollos para uso gastronómico, el denominado "pardeleo", actividad terminantemente prohibida que aún se practica en Canarias; la degradación de las zonas de cría y en particular la contaminación lumínica, que desorienta a los pollos cuando abandonan el nido.


La Pardela cenicienta aparece en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como “De interés especial”. La subespecie diomedea se incluye en el Libro Rojo de las aves de España como “En peligro”, mientras que la subespecie borealis figura como “Vulnerable”.

Conejo de monte (Oryctolagus cuniculus)


El Conejo de monte es el animal clave de los ecosistemas mediterráneos de la Península Ibérica.


Es la presa esencial para más de 40 depredadores, entre los que destacan especies en grave peligro de extinción, como el Águila imperial (Aquila adalberti) y el Lince ibérico (Lynx pardinus), siendo el Lince el animal más conejo-dependiente que existe en nuestro país.


Los conejos a través de su pastoreo, alteran la composición de especies vegetales, creando áreas abiertas en el matorral, dispersando semillas, y contribuyendo a la diversidad de la flora. Las letrinas de los conejos no sólo tienen un efecto considerable en la fertilidad del suelo y, por tanto, en el crecimiento de la vegetación, sino que también sirven de áreas de alimentación para numerosos invertebrados, que a la vez estos, serán el sustento de infinidad de vertebrados.


Las madrigueras sirven de refugio para numerosas especies de animales (Mochuelos, abejarucos, comadrejas, turones, reptiles, etc...) y ejercen una notable influencia benéfica sobre la flora.


A pesar de que el conejo es una especie prolífica, las enfermedades, la caza y los cambios en los usos tradicionales del hábitat han diezmado su población hasta desaparecer o hacerse rara en muchas regiones de nuestro país.


La especie está afectada por dos enfermedades importantes: la Mixomatoxis y la Enfermedad Hemorrágico Vírica, para las cuales se han estado buscando vacunas, sin éxito hasta el momento. 
 A juicio de los expertos, lo mejor para salvaguardar la especie es proteger sus refugios, sus ecosistemas y acotar su caza hasta conseguir su recuperación. 

 

La caza como actualmente se encuentra regulada en España es incompatible con la recuperación poblacional del conejo, porque su caza disminuye a mínimos el número de ejemplares ya diezmados una vez pasada las fases epidémicas anuales de las enfermedades que les afectan.


Como dije al principio, el Conejo es la especie clave, sin él muchas especies de animales y plantas desaparecerán, por ello, su recuperación debería ser una prioridad para la conservación de la biodiversidad en la Península Ibérica. 
Sería una lástima que el animal que ha dado nombre a nuestro país desapareciera. El nombre romano de "Hispania", proviene del fenicio i-spn-ya, un término cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo y significa tierra de conejos.





...eso es todo amigos. That's all folks.